Entre 2017 y 2024, 129 niñas y adolescentes en el suroccidente colombiano han desaparecido - Ciudad Vaga y Organización Hasta Encontrarlas.
Casi 2.300.000 personas vivían en Cali en 2018. Casi el 60% hacen parte del registro SISBEN. Según Cifras del Dane, hay alrededor de 600 mil hogares. De uno de ellos salió M.T.O01, 12 años, de rasgos indígenas. La contactaron por redes sociales. Dejó una carta a su familia en la que decía que le habían ofrecido un trabajo en el que ganaría mucho dinero. Ella accedió: quería una casa grande para su familia. Desapareció de su hogar el 11 de enero de 2017 en el barrio El Rodeo, para aparecer viva algunos días después. S.M.C.C, afrodescendiente, 13 años, desapareció el 1 de noviembre de 2017. Iba a la tienda, pero nunca llegó. Continúa desaparecida. A.T.M, 13 años, desapareció el 13 de mayo de 2024. Estudiaba en el colegio Agustín Nieto Caballero. No hay rastro de ella hasta ahora.
Entre 2017 y 2024, 129 niñas y adolescentes mujeres (83%), niños y adolescentes hombres (17%) en el suroccidente colombiano han desaparecido para siempre o transitoriamente. 105 sólo en lo que va corrido del 2024. Algunas regresan. Otras aparecen violadas y asesinadas. Otras nunca vuelven y terminan en redes de trata de personas y explotación sexual. Algunas han escapado de sus casas, hartas de la pobreza, del maltrato o del abuso. Todas son víctimas: las que huyen de sus hogares, las raptadas, las violadas, las explotadas sexualmente, las heridas y asesinadas.
Son al menos 7 años de negligencia estatal en el Oriente de Cali, de acuerdo con una denuncia presentada por el Movimiento Social de Mujeres en 2023. De las 57 niñas y adolescentes que habían desaparecido hasta ese momento. Con contadas excepciones, no se habla mucho en los medios de comunicación, porque son niñas y adolescentes de las barriadas pobres, porque son negras, mulatas, aindiadas; porque sus familias no tienen influencia ni poder; o porque la tragedia de las niñas y adolescentes excluidas y racializadas, muchas víctimas del conflicto armado, y sus familias no aporta votos en las elecciones.

¿Pero qué pasa en casa cuando una niña o adolescente desaparece?
Un hogar no es un lugar aislado. Es una red conectada a otros hogares y personas. Cuando desaparece una niña se estremece toda la red. Y en Cali, en los barrios populares, esa red es más densa y tupida que en los barrios acomodados, en los que los lazos de vecindad son escasos, hay menos hogares por hectárea y en los que sólo muy excepcionalmente desaparecen las niñas. Los hogares de barriadas populares suman decenas de vínculos con los hogares vecinos, las casas de parientes y amigos, las casas de familias con las que comparten vínculos porque las niñas y adolescentes estudian en la misma escuela o juegan juntas en el mismo parque. Entrelazadas las vidas de las niñas, se entrecruzan las familias que experimentan como suya la desaparición de una pequeña. Cuando esto sucede, el terremoto se siente a lo largo y ancho de los barrios que, como está enseñando una iniciativa llamada PopuLab (Laboratorio de Barrios Populares, Universidad del Valle), sólo pueden ser entendidos de manera interseccional, articulando variables y dimensiones que con frecuencia se han atendido de manera separada.
Cada hogar en un barrio popular conecta, fácilmente, con decenas de hogares más. La desaparición de una niña estos sectores populares sacude a, por lo menos, tres centenares de personas de carne y hueso que la conocían y seis centenares más que saben algo de sus familias. Poco más de mil personas, mal contadas.
Entonces, 129 niñas, niños, y adolescentes reportadas como desaparecidas afectan de manera directa a más de 129 mil personas y a una red indirecta que suma a miles más. También desaparecen o se trastornan para siempre las trayectorias, los sueños, el bienestar físico y emocional de esas 129 vidas. La angustia se sienta a la mesa de cientos, de miles de hogares que no saben cuándo ni cómo volverán a ver a una niña o una joven que no regresa a casa.
¿Cuándo y dónde desaparecen? Las desapariciones ocurren con mayor frecuencia en los meses de vacaciones, de turismo en la ciudad, y suelen darse en los trayectos entre el colegio y la casa, en parques públicos, o a través de ofertas laborales en redes sociales. Las edades más comunes de las niñas y adolescentes desaparecidas oscilan entre los 12 y 15 años, con un énfasis particular en las adolescentes de 14 años.

Este es un fragmento del informe periodístico Vivas se las llevaron, VIVAS LAS QUEREMOS, elaborado por Hasta Encontrarlas y Laboratorio de Medios de Ciudad Vaga.












