Docentes, egresados y profesionales vinculados a la Facultad de Salud de la Universidad del Valle participaron en una brigada de salud que fortaleció la atención hospitalaria y llevó servicios de salud a comunidades del Distrito de Buenaventura entre el 13 y el 15 de agosto.
La emergencia generada tras el sismo del pasado 10 de agosto movilizó las capacidades de diferentes instituciones del Valle del Cauca. Como parte de esta respuesta, el Hospital Universitario del Valle, en articulación con la Universidad del Valle, desarrolló una brigada de salud para apoyar al Hospital Luis Ablanque de la Plata y a las comunidades de Buenaventura que requerían atención.
La Facultad de Salud participó activamente en esta misión a través de integrantes de las Escuelas de Medicina y Enfermería, docentes del programa de Tecnología en Atención Prehospitalaria, profesionales y egresados, quienes se desplazaron al Distrito de Buenaventura para fortalecer tanto la respuesta hospitalaria como las acciones de atención en territorio. La brigada se desarrolló entre el 13 y el 15 de agosto y concentró sus esfuerzos en diferentes frentes: atención prehospitalaria y primaria en salud, apoyo al servicio de urgencias, atención a población vulnerable, primeros auxilios psicológicos, traslado de pacientes y organización de medicamentos e insumos humanitarios.
Una respuesta articulada entre el hospital y los territorios
El equipo se organizó en dos grandes áreas de trabajo: una destinada al apoyo de las actividades hospitalarias y otra enfocada en el trabajo de campo en diferentes sectores de Buenaventura. La coordinación se realizó de manera articulada entre la Universidad del Valle, el Hospital Universitario del Valle, el Hospital Luis Ablanque de la Plata, la Secretaría de Salud y otros actores presentes en el territorio.
La profesora Alejandra María Díaz Tamayo, docente de la Tecnología en Atención Prehospitalaria y quien lideró la brigada de la Universidad del Valle en Buenaventura, destacó el alcance de esta articulación: “Realizamos trabajo de campo en diferentes territorios del distrito, brindando atención primaria en salud, primeros auxilios psicológicos y traslado de pacientes desde los diferentes barrios hacia instituciones de salud. Además, apoyamos la organización y distribución de los insumos médicos de acuerdo con las necesidades de cada territorio”, explicó.
La docente señaló además que el trabajo conjunto con la Secretaría de Salud permitió coordinar el desplazamiento de los equipos hacia los sectores donde se requería una atención prioritaria. Esta coordinación fue fundamental para distribuir el talento humano disponible, organizar los grupos de voluntarios y facilitar el ingreso a diferentes comunidades, en algunos casos con el acompañamiento de líderes comunitarios y organismos de seguridad.

Llegar donde la atención era más necesaria
Una parte importante de la brigada se concentró en comunidades donde las dificultades de acceso a los servicios de salud se habían agudizado por la emergencia.
En sectores como La Ruñidera, San Francisco y Guadalupe, los equipos realizaron valoraciones a niños, adultos mayores, gestantes y otros integrantes de la comunidad. Las jornadas incluyeron toma de signos vitales, valoración inicial, curaciones, entrega de medicamentos con fórmula médica, educación en salud, vacunación y primeros auxilios psicológicos.
El profesor Luis Alexander Lovera Montilla, de la Escuela de Enfermería, hizo parte de las jornadas de atención en territorio y del apoyo hospitalario. Para él, la decisión de sumarse a la brigada fue inmediata: “No hubo ningún momento en dudar cuando solicitaron lo de Buenaventura. La necesidad de ayudar era inmediata y, desde que llegamos, encontramos comunidades y servicios de salud que requerían todo nuestro apoyo”, señaló.
En el barrio La Ruñidera, por ejemplo, el equipo instaló un punto de atención desde el cual se valoraron pacientes de diferentes edades y condiciones de vulnerabilidad. Durante una de las jornadas fueron identificados dos niños que requerían atención prioritaria debido a dificultades respiratorias y deshidratación. Ante la falta de ambulancias disponibles, el equipo gestionó su traslado hacia una institución de salud en un vehículo de la Secretaría de Salud. El profesor Lovera recordó esta experiencia como una muestra de los desafíos que enfrentaron los equipos durante la emergencia: “En situaciones como esta hay que tomar decisiones para garantizar que los pacientes prioritarios reciban atención. En territorio valoramos niños, gestantes, adultos mayores y otras personas que no podían acceder fácilmente a los servicios, y trabajamos articuladamente para lograr sus traslados cuando era necesario”.
Además de la atención en puntos comunitarios, algunos integrantes de la brigada recorrieron viviendas para atender a personas que, por sus condiciones de salud o movilidad, no podían desplazarse hasta los lugares establecidos para las jornadas.

El apoyo dentro del Hospital Luis Ablanque de la Plata
La respuesta también se desarrolló al interior del Hospital Luis Ablanque de la Plata, donde parte del equipo apoyó el servicio de urgencias y otras áreas que requerían refuerzo. Estudiantes y profesores y Tecnólogos en Atención Prehospitalaria participaron en labores de triage, reanimación, procedimientos y atención en las zonas de expansión habilitadas fuera de las instalaciones hospitalarias.
La egresada de la Facultad de Salud y brigadista en Atención Prehospitalaria, Karla Andrea Quiroga Vargas, destacó el impacto que tuvo la llegada del equipo en un momento especialmente complejo para el hospital y su personal: “Fue una experiencia muy enriquecedora, porque cuando llegamos encontramos a muchos pacientes en carpas, expuestos al sol y a la lluvia. Desde el equipo de Atención Prehospitalaria pudimos apoyar para brindar la mayor atención posible y ayudar al personal en diferentes procedimientos y necesidades del servicio”, relató.
Durante los días posteriores, el equipo continuó fortaleciendo diferentes áreas de atención, mientras otros brigadistas se desplazaban hacia las comunidades. Para Karla, una de las experiencias más significativas fue poder llegar a sectores donde, debido a la emergencia, las personas enfrentan mayores dificultades para acceder a los servicios de salud: “Parte del equipo se dividió para llegar a comunidades donde los servicios de salud no estaban llegando y las personas no podían desplazarse por sus propios medios. Lo más gratificante fue ver el agradecimiento de las comunidades y del mismo personal de salud”.
Atención materna, neonatal y pediátrica
Dentro de las acciones desarrolladas también se brindó apoyo a la atención de mujeres gestantes, partos y recién nacidos. En el Centro de Salud Bellavista, el equipo participó en la atención de partos y en la recepción de dos recién nacidos para su adaptación neonatal, además de apoyar la valoración y remisión de gestantes que requerían atención especializada.
El profesor Alexander Lovera recordó algunas de estas experiencias, entre ellas el acompañamiento a pacientes gestantes que presentaban condiciones de riesgo: “Pudimos apoyar el traslado y la atención de maternas en condiciones complejas, participar en la atención de un parto y acompañar la adaptación neonatal de recién nacidos. Son situaciones en las que cada profesional aporta desde sus competencias para responder a las necesidades del momento”.

Organizar para poder ayudar
Además de la atención directa a pacientes, la brigada asumió una tarea fundamental para garantizar que los recursos disponibles pudieran llegar a quienes los necesitaban, la organización de los medicamentos e insumos que llegaban al hospital como parte de las donaciones. Los equipos apoyaron la recepción, clasificación y organización de estos elementos, verificando también las fechas de vencimiento de los medicamentos y preparando los insumos para su posterior distribución hacia los territorios priorizados.
Karla Quiroga destacó que esta labor fue clave para las jornadas desarrolladas en las comunidades: “Llegaban muchos insumos y fue necesario establecer una cadena de organización. Clasificamos los medicamentos y elementos que podían ser utilizados y esto permitió que, cuando salíamos a territorio, pudiéramos llevar insumos de primera necesidad para las comunidades”, explicó.
La brigadista señaló que, con el acompañamiento y aval del personal médico, también se apoyó la entrega de medicamentos de primera necesidad a personas que contaban con su respectiva fórmula médica. Al finalizar las jornadas, el proceso de organización permitió dejar estructurado el almacén de medicamentos e insumos, facilitando su control y posterior distribución.
Una experiencia de compromiso y trabajo colectivo
Para quienes participaron, la brigada representó no solo una oportunidad de poner sus conocimientos y experiencia al servicio de las comunidades, sino también una muestra de la importancia de la articulación institucional ante situaciones de emergencia. Durante los tres días de trabajo, la intervención integró acciones de atención primaria y prehospitalaria, apoyo hospitalario, atención extramural, primeros auxilios psicológicos, gestión de medicamentos e insumos y traslado de pacientes.
La profesora Alejandra María Díaz Tamayo resaltó precisamente el trabajo conjunto que permitió llevar los equipos de salud hacia los diferentes territorios: “La articulación con las instituciones y con la Secretaría de Salud fue fundamental para organizar los equipos y llevar la atención a los lugares donde se necesitaba de manera oportuna”, manifestó.
La experiencia también dejó importantes aprendizajes sobre los retos que enfrentan los servicios de salud durante una emergencia, especialmente frente a la disponibilidad de transporte sanitario y la necesidad de contar con mecanismos de coordinación que permitan responder rápidamente a las poblaciones más vulnerables. Con la participación de docentes, profesionales y egresados de la Facultad de Salud, la Universidad del Valle se sumó a una respuesta interinstitucional que llevó atención y acompañamiento tanto al Hospital Luis Ablanque de la Plata como a diferentes comunidades del Distrito de Buenaventura. Una experiencia que, en medio de la emergencia, reafirmó el compromiso de la Universidad pública con los territorios y la capacidad de su comunidad para poner el conocimiento y el talento humano al servicio de quienes más lo necesitan.













