Un doctor en Ciencias Ambientales de la Seccional Palmira lideró el equipo que obtuvo la primera patente registrada por una sede regional de la Universidad del Valle. El novedoso diseño al que alude la patente pretende controlar una plaga peligrosa para la salud ambiental del Valle del Cauca.
Por Salomé Mizrachi
Agencia de Noticias Univalle
Cuando una especie invasora ingresa a un hábitat, es como si un extraño llegara a una casa ajena y comenzara a mover todo de su lugar. Poco a poco, ocupa espacios, consume recursos y altera las relaciones que, durante años, han mantenido el equilibrio entre diversos organismos. Así, lo que parecía una llegada silenciosa termina transformando el paisaje, cambiando las dinámicas y las formas cómo la vida se sostiene en un territorio.
Aunque no pasa de los 30 centímetros de largo, el caracol gigante africano (Lissachatina fulica) reúne todas las características necesarias que debe tener una plaga para ser temida. Sus órganos son femeninos y masculinos al mismo tiempo, por lo que ponen entre 100 y 500 huevos varias veces al año, además de tener un apetito insaciable. Nocturno. Voraz. Hermafrodita. En definitiva, este molusco tiene la capacidad de tornar un ecosistema al revés.
El profesor Mauricio Quintero Ángel, Doctor en Ciencias Ambientales e Ingeniero Agrícola de la Universidad del Valle, junto al diseñador Alexander Pereira Mosquera, desde el Grupo de Investigación en Sistemas Socio-ecológicos Sustentables de la Seccional Palmira, y los profesores Alan Giraldo López de la Facultad de Ciencias de Univalle y Rubén Varela Miranda de la Universidad Santiago de Cali, elaboraron un dispositivo capaz de capturar este caracol sin necesidad de contacto humano.

Lento pero peligroso
El caracol gigante africano es reconocido por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. Su llegada a Colombia por vía marítima desde el continente africano se relaciona con la producción de baba de caracol para productos cosméticos entre 2009 y 2010. Desde entonces, su presencia se ha extendido dentro de 23 departamentos del país según la Revista Nacional de Agricultura.
La alta probabilidad de éxito del caracol africano como invasor radica en una resistencia notable frente a los cambios ambientales y una ventaja reproductiva al poseer órganos masculinos y femeninos de forma simultánea. Además, presenta polifagia, la condición del hambre insaciable, haciéndolo capaz de desplazar especies y disminuir plantas nativas. Estas características explican su inclusión entre las plagas cuarentenarias, una categoría reservada para aquellos organismos cuya introducción representa una grave amenaza por su alto potencial de dispersión y establecimiento.
En el Valle del Cauca su proliferación se dispara durante las temporadas de lluvias por lo que representa una amenaza crítica para los ecosistemas locales y la agricultura. A este impacto ambiental se suma un riesgo severo para la salud pública, pues su dieta amplia lo convierte en hospedero de parásitos peligrosos para el ser humano. Aunque el animal no es venenoso , su baba transporta patógenos graves como parásitos que pueden generar la meningoencefalitis eosinofílica o infecciones intestinales severas, riesgos que aumentan cuando el fluido entra en contacto con las mucosas de la boca, la nariz o los ojos.
Por lo general, los métodos tradicionales para el control de esta plaga se limitan a la recolección manual o al uso de venenos químicos, alternativas que resultan ineficientes, costosas y peligrosas para las personas encargadas de su manipulación. Frente a esta problemática, el equipo de investigación liderado por el profesor Mauricio Quintero desarrolló una trampa efectiva que elimina los riesgos de exposición directa para los operarios encargados de combatir la plaga.
Una solución situada y replicable
Debido a que el caracol presenta un comportamiento nocturno y las jornadas de recolección se realizan de día por costos logísticos, se identificó la necesidad de una trampa de captura pasiva inédita en el mercado y en el estado de la técnica. Frente a este desafío, el equipo de inventores empleó metodologías de diseño participativo, integrando a los futuros usuarios en el proceso de creación tecnológica. Aunque el desarrollo de este artefacto no figuraba como el objetivo principal de la “Investigación eco-epidemiológica de la plaga caracol gigante africano (Lissachatina fulica) y su potencial impacto en la salud ambiental del Valle del Cauca” financiada por el Sistema General de Regalías, el equipo adoptó dicha metodología para optimizar el dispositivo a partir de los retos biológicos y de salud pública que plantea el molusco.
El dispositivo final presenta una geometría de pirámide truncada y un diseño plegable, características que facilitan su transporte masivo sin elevar los costos logísticos. Su funcionamiento se basa en un cebo atrayente suspendido bajo un techo transparente que capta la atención de los caracoles durante la noche, lo cual provoca que escalen las paredes y caigan en una bolsa plástica interna de la que no pueden escapar debido a los ángulos específicos de la estructura. Este mecanismo de captura pasiva prioriza la seguridad del usuario al evitar el contacto directo con el espécimen, mientras que la transparencia de la cubierta superior permite verificar la ausencia de animales peligrosos, como serpientes, antes de manipular la trampa.
Aunque este dispositivo no se planteó en un principio buscando obtener una patente, su novedad y clara aplicación industrial motivaron a la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación de la institución a respaldar al equipo científico, durante el proceso legal ante la Superintendencia de Industria y Comercio. El éxito del proyecto radica en que se trata de una innovación frugal construida con materiales locales, lo que facilita su aprovechamiento tanto en entornos urbanos como rurales. Al respecto, el profesor Mauricio Quintero destaca que “es una tecnología bastante sencilla, precisamente para que cualquier persona la pueda utilizar, pues no requiere una formación específica para su uso”, una característica que consolida al artefacto como una respuesta accesible frente al manejo de esta plaga.
Ciencia con impacto social
Al convertirse en la primera patente asociada al sistema de regionalización de la Universidad del Valle, este desarrollo constituye un hito que demuestra la capacidad para generar investigación de alta calidad fuera del campus principal. Frente a este logro, el profesor Mauricio Quintero señala que fue motivo de alegría obtener este reconocimiento en el sistema de regionalización, pues evidencia que en las sedes regionales también existen capacidades para hacer ciencia de primer nivel.
Esta excelencia se respalda además en el origen de la solución, la cual fue liderada desde el Grupo de Investigación en Sistemas Socio-ecológicos Sustentables de la Seccional Palmira en Categoría A1, el escalafón más alto que otorga el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en Colombia a los colectivos científicos del país. El profesor Quintero, quien también lidera este grupo, enfatiza que las universidades públicas deben enfocar sus esfuerzos en resolver problemáticas reales y sensibles del entorno nacional. Bajo esa premisa, el dispositivo se construyó con materiales locales para garantizar una adaptación sencilla en los diversos escenarios donde el caracol africano representa una amenaza, facilitando su despliegue tanto en áreas rurales como urbanas.
Resulta necesario continuar el apoyo al sistema de regionalización de la Universidad del Valle, pues la labor institucional trasciende el beneficio académico para consolidarse como un motor de crecimiento del suroccidente colombiano. El éxito de este dispositivo demuestra que el talento en el sistema de regionalización merece un reconocimiento pleno que impulse este logro como la primera de muchas patentes futuras. En últimas, esta innovación confirma que las respuestas a los desafíos ambientales y de salud pública más complejos nacen de una ciencia con enfoque social que propone soluciones para el territorio.












