Vivimos en un mundo marcado por transformaciones tecnológicas, sociales, culturales y ambientales cada vez más aceleradas ¿Qué tan preparada está la universidad para responder a estos cambios y qué tendría que transformar para no quedarse atrás?
Por Diego Alejandro Guerrero
Agencia de Noticias Univalle
En el contexto contemporáneo, donde cada vez surgen más y más tecnologías que están generando cambios vertiginosos en la forma en que nos movemos y relacionamos con nuestro entorno, el modelo de universidad debe ajustarse para responder a estas transformaciones.
En esta conversación, el profesor Edwin German García, actual decano de la Facultad de Educación y Pedagogía, invita a pensar la educación superior más allá del consumo de tecnologías o de la simple repetición de contenidos académicos que la inteligencia artificial ya puede reemplazar. Como destaca este docente e investigador, el reto no está en competir con los algoritmos, sino en conectar la formación con el contexto real, la diversidad cultural y las verdaderas necesidades de los estudiantes.
Edwin Germán García Arteaga es licenciado en Física y Magíster en docencia de la Física de la Universidad Pedagógica Nacional; Máster Europeo en Educación y Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Su labor académica y de investigación se centra en la Física, la Astronomía, y la historia, filosofía y enseñanza de las ciencias. Lidera el grupo de investigación en Ciencia, Educación y Diversidad, donde impulsa proyectos innovadores que abordan la intersección entre la ciencia y la educación en contextos diversos.
Agencia de Noticias Univalle: Desde su posición como pedagogo, investigador y persona cercana a estos temas ¿qué tan preparado está el modelo de universidad para responder a estos cambios¿ ¿Qué tendría que hacer para no quedar rezagada?
Edwin García: Hay que hacer dos lecturas. Por un lado, lo que podríamos denominar el mundo globalizado o la perspectiva global en función del desarrollo de los países emergentes. Allí aparece la colonización del pensamiento tecnológico como un elemento clave que no nos permite desarrollar una identidad, fortalecerla y, mucho menos, proyectarla, sino que nos convierte en consumidores de estas tecnologías.
Y la otra es la condición de lo local. ¿Quiénes somos? ¿Qué tenemos? La Universidad del Valle es una universidad del Pacífico colombiano. Es una universidad regional; por lo tanto, nos identifica enormemente con todo lo que es la región Pacífico y allí la diversidad se manifiesta en su esencia. Diversidad no solo en el vestuario o en la alimentación; es la manera en que los sujetos habitamos la región: indígenas, negritudes, campesinos, en todos los contextos urbanos y rurales, y que siempre mantenemos un concepto de la diversidad.
Y frente a eso, están esas dos lecturas: lo global frente a lo local se espera que sean dialógicas. No es ser consumistas ni ser endógenos a ultranza; es poder construir relaciones dialógicas para fortalecer nuestra dinámica y nuestra perspectiva como universidad. Entonces, mi comentario, en primera instancia, es que tenemos que procurar que la universidad sea dialógica con los contextos, tanto desde lo global como desde lo local, y desde allí construir sentidos para el fortalecimiento del desarrollo de nuestros estudiantes.
ANU: En ese proceso de construcción de sentidos, apelando también a que somos una sociedad y una cultura de gran diversidad ¿cómo debería ser esa construcción o esa articulación de saberes?
EG: Aquí entra un concepto importante: el currículo vivo. Esta expresión no alude a la existencia de formas predeterminadas para establecer conductas y relaciones con los sujetos o los entornos. El currículo vivo parte de las formas en que los sujetos se comunican son abiertas y reconocen las identidades. Por lo tanto, dialogar con el niño o el joven en edad escolarizada implica construir a partir de sus propias necesidades, problemáticas, entornos reales y sentidos.
El profesor que tenga la intención de avanzar en procesos de transformación con sus estudiantes tiene que hacer lectura de ello; reconocer al otro junto con sus contextos, sus características y su idiosincrasia. Muy distinto a aquel, por ejemplo, que, cuando enseña física, se centra solo en las leyes y la teoría. Y uno se pregunta: ¿y el sujeto con el que interactúa qué? Y pareciera desconocerse o no reconocerse. Creo que es necesario avanzar para que las sociedades empiecen a leerse a sí mismas y a entender que el conocimiento se vuelve significativo en la construcción de sus realidades. No el conocimiento por el conocimiento en sí mismo, sino en su reconocimiento para avanzar en procesos de transformación.
Creo que es algo que la universidad viene buscando poco a poco: cuando aludimos a que vamos transformando el currículo, estamos transformando el currículo de la universidad. Poco a poco vamos reconociendo cada vez más los contextos, la diversidad, los sujetos y, por supuesto, la interacción que podemos tener incluso con el mundo globalizado.
ANU: Esta propuesta exige que los docentes tengan un papel más activo e incluso propositivo a la hora de generar dinámicas pedagógicas en el aula.
EG: Sí. Avanzamos poco a poco desde ese papel instrumental que se le ha dado al currículo, a la planificación y a la evaluación, y empezamos a reconocer que las formas no son estereotipos que debemos usar de la misma manera, sino que deben permitir esa lectura de otredad, esa lectura de contexto.
No se trata de aplicar un currículo programático en sí mismo, sino de un currículo que permita flexibilidad en las construcciones discursivas, incluido el conocimiento científico, porque el conocimiento está inserto en las sociedades. Hace parte de las sociedades, pero estas parece que no comprenden su sentido porque no logra insertarse en ellas para producir transformaciones. Eso es lo que nos parece muy significativo.
ANU: ¿Cómo se puede pensar el currículo vivo en torno a otras herramientas, como la irrupción de la inteligencia artificial, que está cobrando mucha preponderancia en la planificación de las clases, de la misma forma en que los estudiantes y las personas acceden al conocimiento común?
EG: La expresión “currículo” procura establecer una relación entre maestros, estudiantes, contenidos y objetivos por alcanzar. Ya la forma en que eso se quiera lograr va a depender de la manera en que utilice herramientas en todo el sentido de la palabra: herramientas sociales, educativas y, por supuesto, tecnológicas. La tecnología no es simplemente algo que se impone, sino una manera de entender mundos. Y desde esa manera de entender mundos, podemos interactuar divinamente con todo lo que viene de la inteligencia artificial, con todos estos lenguajes como Chat GPT, Gemini o Siri, entre otros, pero desde una perspectiva que implica entender que, estoy haciendo uso de una herramienta, no al contrario, ella haciendo uso de nosotros
Si la herramienta se da para que me la aprenda, como cuando aprendía las tablas de multiplicar, pues no estoy haciendo mayor cosa, pero sí, cuando sé la razón por la que la estoy utilizando. Es precisamente eso, lo vivo de la expresión curriculum.
Me parece que tiene mucho sentido que el maestro reflexione sobre la pertinencia de la tecnología en nuestras vidas. Hay muchos colegas en la Universidad del Valle que están investigando sobre la inteligencia artificial, sus aplicaciones, su lenguaje y los algoritmos que utiliza. En la Facultad de Educación y Pedagogía nos preocupamos, además de su utilidad por reflexionar por su sentido y su pertinencia. Entonces, la pregunta es; ¿cómo podemos dialogar en todos estos frentes para que la universidad pueda construir un auténtico sentido del uso de las herramientas y así poder proyectarnos?.
Y lo otro: la universidad tiene muchos laboratorios y grupos de investigación, pero, si uno nota, la mayoría están muy desarticulados; cada laboratorio, en sí mismo, con sus propias funciones. Poco tenemos la capacidad de abrir un diálogo entre laboratorios, materiales, instrumentos y aparatos que puedan conversar entre sí, entre salud y ingeniería, entre ingeniería y educación, entre educación y salud, entre ciencias y artes, etcétera. Pero si avanzamos en esa dirección, empezamos a darle sentido a ese currículo vivo. Por ejemplo, desde hace poco, estamos en un proyecto de investigación con la Facultad de Ingeniería, la Facultad de Ciencias y la Facultad de Educación, centrado en nanociencia y nanotecnología para el tema de aguas y energías, y hemos visto que podemos dialogar y acercarnos desde perspectivas diferentes para comprender qué es lo que nos relaciona y, en este caso, el agua y la energía como elementos fundamentales para toda la sociedad, así como el uso de tecnologías y diálogos sociales. Ese es un ejemplo cercano de que es posible avanzar y que la universidad lo recoja, lo recupere como una forma institucionalizada de seguir avanzando. Sería una forma muy interesante de acercar conocimientos diversos
ANU: Con este cambio tan vertiginoso en las formas de conocimiento, asumir estos cambios desde el currículo vivo podría ser también una buena manera de responder a ese mundo que impone empleos, problemas y otras necesidades que aún no entendemos ni conocemos.
EG: Sin lugar a dudas. En 1945, cuando vivíamos en Colombia una sociedad todavía con rasgos medievales, ya se había desarrollado en los países industrializados la bomba atómica y se estaba utilizando contra un país en dos ciudades diferentes. Ya hacia 1960, se empezó a hablar de las flechas del tiempo y de lo que hoy en día se conoce como mecánica cuántica, como parte de la forma en que las sociedades desarrolladas construían sus sentidos. O sea que el tema de la inteligencia artificial no es de nuestra época; es un tema que viene desde esa época y se construyó un sentido alrededor de ella después de la Segunda Guerra Mundial.
A nosotros nos llega el boom de la inteligencia artificial como algo nuevo y que nos permite suplir muchas de nuestras necesidades. Suple muchas de nuestras necesidades, sí, pero lo hace en tanto no somos capaces de comprender cómo se da la interacción con este tipo de herramientas. En la época en que se creó el primer centro de aceleración de partículas, había toda una problemática social bien fundamentada en el mundo, pero nosotros nunca nos insertamos en esas dinámicas; fuimos simplemente consumidores de ellas.
Una cosa es ser consumidor y otra es ser reflexivo sobre lo que se consume para transformar. Ahí hay una lectura que marca la diferencia. En la Facultad de Educación hemos dialogado sobre el tema: si realmente creemos que la inteligencia artificial y otros tipos de tecnologías desarrolladas son solo para consumirlas, entonces, pues sin lugar a dudas no van a ser meramente un instrumento, sino que van a ser verdaderamente nuestro reemplazo.
¿Por qué? Porque la capacidad de organización de la inteligencia artificial permitirá suplir las demandas futuras mediante la lectura que se está haciendo de ellas. Si nosotros no reflexionamos sobre eso, pues simplemente vamos a hacer profesiones obsoletas, y eso depende mucho de cómo nos leamos en nuestros contextos de diversidad: cómo nos leemos en el Pacífico colombiano y cómo nos leemos en la Universidad del Valle frente a esas dinámicas.
ANU: Hace poco una influencer colombiana preguntó cuál era la necesidad de ir a la universidad si ya teníamos acceso al conocimiento a través de la inteligencia artificial. Esa idea generó mucho debate en redes sociales. Pero es pertinente preguntarse: ¿cómo debería pensarse la universidad y su rol ante la emergencia de este tipo de tecnologías?
EG: No es la emergencia del tipo de tecnologías, sino el papel que nosotros asumimos frente a ellas. Si el currículo de la Universidad del Valle sigue siendo instrumentalizado, cualquier persona puede reemplazarme, y no solo cualquier persona, una tecnología también puede hacerlo. Porque la tecnología va detrás de los pasos, de las formas, de los estereotipos para alcanzar algo, más no de las reflexiones que impliquen reconocernos desde donde somos, desde nuestras identidades.
Mira un ejemplo sencillo: cuando uno habla de los microcurrículos, tan de moda en la universidad, que terminan siendo un orden convencional. ¿Cuáles son los resultados de aprendizaje? ¿Cuáles son las metas y qué debe hacer el docente para alcanzarlas? Entonces uno ve que el microcurrículo tiene un papel instrumentalizado.
Cuando se habla de currículo vivo, tenemos que, lentamente, romper con la instrumentalización y devolverle al docente el papel de autonomía en la reflexión y la construcción de sentidos de su cátedra. Pero si no lo hace, entonces una clase, por ejemplo, de física, será una que la IA puede dictar. Es más, los estudiantes pueden entrar a Google y conocer toda la clase. ¿Dónde está el plus del profesor? ¿Dónde está su manera de entender el mundo que transforma la física en lectura de contextos de la realidad? ¿De cuál realidad? Pues la que viven los estudiantes. Y ahí hay una diferencia enorme. Por eso, lo que dice la influencer tiene sentido siempre y cuando nos veamos en un papel meramente consumidor. Tenemos que avanzar en esa otra dirección.
ANU: El currículo vivo implica un rol mucho más activo por parte de los estudiantes. ¿Cómo deberían ellos asumir su propia formación en el marco de esta propuesta pedagógica?
EG: Allí empieza a aparecer, primero, cuál es la capacidad del docente para poner su disciplina y su conocimiento en el contexto de los estudiantes, ¿cómo problematiza, cómo trae lecturas de la realidad, cómo procura la interacción con el estudiante y cómo hace lectura de esos nuevos medios tecnológicos para provocar reacciones favorables en el estudiante?.
El estudiante siempre será un estudiante. Claro, no podemos decir que el estudiante de hace 30 años sea el mismo de hoy. Los estudiantes de hoy son más bien tecnológicos o, como dicen algunos colegas, vienen con sello tecnológico, son nativos digitales.
Pero para mí, el papel fundamental radica en la capacidad del docente para desdoblar su conocimiento y ponerlo en juego para que el estudiante entre en una interacción. Y no es con jueguitos ni con muñequitos para atraer su atención, es la capacidad de que el otro se integre en una dinámica.
Dos cosas se requieren. Primero, el docente debe tener una comprensión muy clara de su disciplina. No puede ser una disciplina para repetirla, tiene que ser una disciplina pensada, reflexiva, que permita la transformación. Y dos, debe tener una comprensión muy amplia de su contexto de la realidad. Si el estudiante viene de Guapi, de Nariño o está aquí en Cali, es un estudiante diverso, y la diversidad es clave y fundamental.
Diría algún profesor…. “Ahhh no, es que aquí todos deben aprender lo mismo”. Y yo digo, un momento, ¿aprender lo mismo qué significa? ¿Recitar todos la lección? o, por el contrario, empezar a comprender que el conocimiento debe tener sentido allá donde los estudiantes habitan el mundo, sin que eso les impida dialogar entre ellos, dialogar con el docente, dialogar con la tecnología y proyectar para transformar sus propios entornos. Esa es la diferencia que percibo con la influencer.
ANU: También me imagino, poniéndolo por ejemplo en el plano de la administración de empresas, debe existir un marco general para todos los estudiantes sobre la gerencia, pero también que cada uno debe transformar ese conocimiento, aplicándolo a sus realidades y a las necesidades de su entorno.
EG: Hablando con colegas decanos, cuando se hace referencia a la Administración de Empresas, esta se puede asumir en términos sociales, de legislación y también de condiciones humanas. Esto de los estudios en sociología y antropología, han entrado en las reflexiones en la administración de empresas, ha logrado mostrar que es posible que el maestro tenga autonomía, no para alterar los parámetros y los estándares, sino para hacer una nueva lectura de ellos en función de lo que significan para sus estudiantes, y allí es donde ese plus aparece.
Veo que la universidad hace grandes esfuerzos por reconocernos entre distintas facultades, pero a veces los parámetros sobrepasan las condiciones de las facultades y terminan aplicando los mismos estereotipos a todas, sin mostrar esas diferencias. Esto es lo que nosotros llamamos precisamente “globalidad” y lo que, en las condiciones de la OCDE, empieza a aparecer como parámetro para hablar de calidad, eficiencia y eficacia. Esa es una lectura que ya viene desde el marco de la globalidad, pero habría que mirar desde lo local qué tanto se reconoce y se reflexiona para avanzar en procesos transformativos.
ANU: Nos gustaría saber si le gustaría proponer una reflexión final para cerrar este diálogo.
EG: La Universidad está muy preocupada por el tema del currículo, pero también por la deserción estudiantil, incluso porque hay programas a los que casi no llegan estudiantes. La lectura de la realidad es que muchos estudiantes y personas no encuentran ahora un atractivo significativo en la universidad, como sí se la encontraba años y tiempos atrás. Frente a esa lectura, que no es marginal, es una lectura real (incluso la misma Vicerrectoría Académica la ha mostrado y el Consejo Académico la ha discutido), tenemos que empezar a mostrar ahora un currículo más significativo, un currículo vivo que recoja el sentir y el pensar de profesores, estudiantes, funcionarios y empleados, en todo el sentido de la palabra, para avanzar en procesos transformativos.
¿Y de dónde vienen esos procesos formativos? Del plan estratégico que la universidad configura hacia el 2025-2035, pero un plan estratégico que dé ese plus, esa posibilidad de avanzar. Digamos que, teóricamente, podríamos decirlo; vamos a ver si en la práctica podemos avanzar. Esa sería una reflexión fundamental para mí. Y tal vez la otra reflexión es, ¿cuál es el mismo concepto de universidad?. ¿Qué es lo que llamamos universidad?
Porque el concepto, si bien fue creado en la época medieval, en los siglos XII y XIV, parece haber sufrido muy pocas transformaciones, y hoy en día hablar de universidad sí que nos debe promover una nueva reflexión: ¿Qué es la universidad hoy en día? Y pues claro, no son ni las paredes. Otros dicen que son los profesores y los estudiantes.
Yo creo que la universidad es una complejidad, y me meto en un concepto también muy importante: ¿qué significa algo complejo? Que son sistemas dinámicos, no estáticos, y esos sistemas dinámicos se leen desde distintos frentes; esos frentes hay que saber entenderlos para poder avanzar con sentido. No avanzar a la loca como forma aleatoria, sino avanzar en un sentido que permita, pues entre todos, con discrepancias y posturas diversas, mostrar un norte factible para una universidad anclada en el Pacífico colombiano, que responde a contextos de diversidad y tiene una profunda incidencia en el mundo global.












