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Formación integral, flexibilidad e interdisciplinariedad: los ejes de la política curricular de Univalle

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Martes, 21 Octubre 2025
Agencia de Noticias Univalle

Las siguientes son las palabras del profesor Guillermo Murillo Vargas, rector de la Universidad del Valle, durante el acto de apertura del foro donde se conmemoraron los diez años de la Política Curricular de la institución, evento que se desarrolló los días 20 y 21 de octubre.

Es muy grato para mí como Rector de la Universidad del Valle presidir este acto de celebración de diez años de vigencia de nuestra nueva política curricular. El acuerdo 025 de 2015 fue resultado de un debate extenso y detallado, que tomó varios años, puesto que se trataba nada menos que de poner al día la manera como la Universidad transmite el conocimiento, que es su razón de ser.

Una de las características principales de ese proceso fue el reconocimiento de que se trataba de una labor continua, en permanente revisión. La Universidad ha emitido diversas resoluciones posteriores (como la Resolución No. 136 de 2017 y varias resoluciones de 2020 y 2021) para reglamentar y, en ocasiones, ampliar el plazo para la reforma de los programas de pregrado, mostrando la complejidad del proceso de implementación y su continuidad. Esa es una tarea que debemos continuar haciendo.

Las grandes transformaciones tecnológicas de nuestro tiempo, que nunca cesan de sorprendernos, imponen a las personas la superación de enormes barreras de comprensión. Nunca como antes la educación de alta calidad ha estado en el centro de las necesidades sociales. Quienes no asimilen los nuevos instrumentos que ofrece la tecnología entrarán a formar parte del peor de los marginamientos, de una especie de nuevo analfabetismo. La obligación de las instituciones de educación superior es impedir que ello suceda, para lo cual ellas mismas tienen que someterse a grandes transformaciones.

Lo que se quiso hacer con la revisión de la política curricular hace diez años fue precisamente actualizarla para responder a un mundo de alta complejidad y cambio tecnológico. Buscábamos una transformación de nuestro modelo educativo basándonos en la formación integral de un profesional con un perfil humano, social, profesional, tecnológico, con un fuerte compromiso ético y político con la sociedad; la flexibilidad curricular, para pasar de una estructura rígida a una flexible, que permitiera al estudiante integrar diferentes opciones de formación, contenidos y modalidades de docencia; la integración de saberes, para transitar de currículos agregados a currículos integrados; establecer la formación de pregrado en un Ciclo Básico y un Ciclo Profesional, para fomentar la interdisciplinariedad, la transversalidad y el diálogo académico entre distintas áreas; definir la formación profesional, pedagógica y ética de los profesores como una prioridad, reconociendo el papel clave del profesor en la aplicación de la flexibilidad académica; y promover el acercamiento con las TIC e incluir en la formación el análisis y la respuesta a las tendencias científicas y tecnológicas de los nuevos tiempos.

Si me pidieran definir en palabras claves la esencia de esa reforma yo diría que son: formación integral, flexibilidad e interdisciplinariedad. La reflexión que debemos hacer en reuniones como ésta es en qué medida estamos cumpliendo esos propósitos puesto que la implementación de una reforma de esta magnitud es un proceso continuo y complejo. Quisiera destacar algunos de sus resultados:

El Acuerdo 025 fue reglamentado por la Resolución No. 136 de 2017, la cual estableció rangos de créditos para los ciclos (Ciclo Básico entre 40% y 50% del plan de estudios) y dio las directrices para la reforma de los programas.

La complejidad de la reforma generó la necesidad de ampliar en varias ocasiones los plazos para que los programas de pregrado completaran su rediseño curricular (se extendió el plazo en 2020 y 2021). Esto evidencia que el proceso es vivo, pero desafiante en su aplicación.

La Universidad ha mantenido una política de actualización activa. Se han emitido resoluciones recientes (incluso en 2024 y 2025) para modificar y definir las estructuras curriculares de distintos programas de pregrado y posgrado, lo que demuestra que seguimos alineando nuestra oferta académica a las necesidades del entorno y demandas actuales del sector productivo y la sociedad.

Se consolidó la estructura de los programas de pregrado en dos componentes obligatorios: Ciclo Básico (40%-50% de los créditos) y Ciclo Profesional. Esto facilita la interdisciplinariedad y permite al estudiante un acercamiento temprano a las TIC y a las diferentes disciplinas.

Se ha promovido el paso de currículos agregados (listados rígidos de asignaturas) a currículos integrados, con un enfoque en la solución de problemas complejos y núcleos problemáticos en lugar de solo contenidos temáticos.

Hemos generado un marco que permite mayor libertad al estudiante para definir un área de interés particular a través de asignaturas electivas profesionales, adaptando su formación a sus expectativas y al mercado laboral cambiante.

Hemos establecido la formación pedagógica y ética de los profesores como una prioridad institucional, reconociendo que la flexibilidad curricular requiere nuevos métodos de enseñanza y una actualización constante del cuerpo docente.

Hemos implementado estrategias de apoyo (como el desarrollo de programas específicos) para fortalecer las competencias académicas, la lectura, la escritura y la oralidad de los estudiantes, elementos cruciales para la comunicación y el desempeño profesional en los "nuevos tiempos" de la sociedad de la información.
La política logró incorporar formalmente la necesidad de trabajar con TIC y lenguajes visuales, y de formar profesionales capaces de analizar la complejidad, incertidumbre y riesgo del entorno global.

Hemos desarrollado estrategias específicas, como los programas que buscan potenciar el desarrollo de actitudes, hábitos y conocimientos académicos en los estudiantes (Estrategia ASES, DEXIA, Consejería Estudiantil). Así como la garantía de sus derechos con la reglamentación de diferentes tipos de políticas que permitan la inclusión de los diferentes grupos poblacionales.

La implementación se ha articulado con estrategias de apoyo al rendimiento académico para reducir la deserción estudiantil y la graduación oportuna, abordando variables que inciden en el éxito de los estudiantes.

Podemos decir hoy con orgullo que el Acuerdo 025 de 2015 sentó las bases para un modelo universitario más flexible, integrado e interdisciplinario. Los resultados se manifiestan en un proceso de reforma en marcha que, si bien es lento y desafiante en su aplicación a todos los programas, ha generado un marco normativo y estrategias de apoyo que buscan consolidar los principios de la formación integral y la pertinencia en los nuevos tiempos. La continuidad y el éxito de esa tarea está en manos de ustedes. Muchas gracias.

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