Los programas y políticas para disminuir las brechas étnico-raciales en Colombia deben incluir enfoques geográficos y de género, como parte de políticas diferenciales que respondan a la deuda que el país tiene con poblaciones histórica y estructuralmente excluidas; en este caso, la población afrocolombiana. Esta propuesta hace parte de las conclusiones de un estudio sobre brechas étnico raciales en Colombia, realizado por investigadores del Centro de Investigación y Documentación Socioeconómica -CIDSE de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de Univalle. Dicha investigación aporta mecanismos que pueden contribuir a disminuir esta problemática.
Desde una perspectiva interseccional, este trabajo caracterizó las posibles vulnerabilidades y rezagos en la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera del país, teniendo en cuenta los datos recopilados por el DANE en los últimos dos censos -el de 2005 y 2018-, además de la Gran Encuesta Integrada de Hogares -GEIH, que mide la dinámica del mercado laboral en Colombia. El análisis se llevó a cabo en siete municipios del país: Barranquilla, Bogotá, Buenaventura, Cali, Cartagena, Quibdó y Medellín.
Según el economista Bladimir Carabalí, doctor en demografía de la Universidad de Campinas -en Brasil- e investigador del CIDSE de Univalle, el estudio asumió las limitaciones en información que tiene el país. Muestra de ello es el intervalo de 13 años entre los dos últimos censos y la polémica alrededor de la disminución de un 30,8% de la población que se autorreconoció como afrodescendiente en la última encuesta del DANE. “Para mejorar las condiciones de vida de la población vulnerable afrodescendiente es necesario contar con datos estadísticos oportunos y de calidad pues, a partir de esta información, se pueden diseñar mejores políticas que atiendan sus necesidades”, enfatizó.
¿Qué son las brechas étnico-raciales?
Las brechas étnico-raciales son desigualdades sociodemográficas y socioeconómicas, explicadas por el rezago histórico de la población que se autoreconoce como negra, afrocolombiana, raizal y palenquera. “Aceptar que los problemas de esta población obedecen al racismo estructural, y no a una situación coyuntural, ayudará a tener mejores avances en la búsqueda de soluciones a este tema”, afirma Carabalí.
Estas brechas se expresan en términos de condiciones de vida, acceso a la salud, la educación y al mercado laboral, así como en desigualdades y pobreza, entre otras.
El estudio realizado por el CIDSE confirmó lo que académicos, organizaciones y liderazgos afro han dicho por años: la población afrocolombiana tiene mayores vulnerabilidades frente a la población blanca mestiza, en términos étnico-raciales y geográficos -las ciudades donde se concentra esta población se encuentran en mayor desventaja-.
“La disolución de las brechas etnico-raciales y la disminución de las desigualdades sociales son elementos claves para la reconciliación y la convivencia social”, expone el investigador del CIDSE.
La población afrocolombiana se encuentra en niveles de pobreza que no solo son altos sino que se reproducen intergeneracionalmente, manteniéndola en condiciones de rezago y desigualdad frente a la blanca mestiza. Una mayor participación de la población afro en el sistema productivo del país contribuiría al crecimiento económico y a la disminución de las desigualdades socioeconómicas.
Algunos resultados del estudio
Edades:
- La población afrocolombiana versus la población blanca mestiza es mucho más joven.
Educación:
- El nivel de educación de la población afro en Bogotá resultó más alto que en el resto de las ciudades abarcadas por el estudio, lo que podría explicarse por el tipo de migración que se produce hacia esa ciudad, donde millones de jóvenes de todo el país llegan para desarrollar sus estudios.
- La tasa de alfabetización de la población blanca mestiza es mayor que la de la población afrocolombiana.
- La proporción de población blanca mestiza que accede a la educación técnica universitaria es mayor en todas las ciudades estudiadas, excepto en Quibdó, donde la mayoría es afrodescendiente y se cuenta con universidad pública. Sin embargo, el caso no fue el mismo para Buenaventura que también tiene presencia de dos universidades públicas.
- El promedio del puntaje en las Pruebas Saber Pro del segundo semestre de 2019 dió como resultado 212 puntos para la población afrocolombiana y 249 para la población blanca mestiza, una diferencia que da cuenta de la brecha en la calidad de la educación.
Vivienda:
- El primer indicador de brecha para la población afrocolombiana son las condiciones de vivienda, cuyo déficit cualitativo a nivel nacional fue del 50%, frente a un 26% de la población blanca mestiza. A nivel cuantitativo también se encontró déficit para la población afro en todas las ciudades estudiadas.
Mercado Laboral:
- La tasa de desempleo para la población afro fue mayor.
- Las mujeres afro tienen una participación importante en la economía del cuidado, es decir, en el trabajo que se lleva a cabo en el hogar.
- Los ingresos de buena parte de la población afro están por debajo del millón y medio de pesos y provienen, en su mayoría, del sector informal. La tasa de informalidad también fue superior en esta población. La brecha entre los ingresos de la población afro y la población blanca mestiza en Cali es de $272.312 pesos, mientras que en Colombia es de $224.987.
- La población afrocolombiana tiene mayor cantidad de necesidades básicas insatisfechas. Los datos de Quibdó y Buenaventura muestran que en ciudades donde hay más concentración de población afrodescendiente las necesidades básicas insatisfechas son mayores. El índice de pobreza multidimensional para la población afro es del 40%, mientras que para la blanca mestiza es del 22,3%
Salud y mortalidad:
- La tasa de supervivencia de la población joven afrocolombiana es menor. Afirma el estudio del CIDSE: “La ‘caída’ en proporción de supervivientes de población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera durante la adolescencia y la adultez joven es consecuente con una sobremortalidad por homicidio. Lo que significa que en términos de supervivencia, el período de mayor riesgo de muerte para estas personas es durante la adolescencia y la causa de muerte más probable es el homicidio”.
- La relación entre ser un joven víctima de homicidio y el color de la piel trasciende fronteras: “La probabilidad de que un joven negro en Cali o en Colombia muera por homicidio es mayor que si fuera blanco mestizo. Este mismo patrón se observa en países como Brasil y Estados Unidos”, señala Carabalí.
¿Qué hacer frente a la brecha?
Después de que el investigador del CIDSE y egresado del Departamento de Economía de Univalle Bladimir Copete presentara los resultados del estudio Brechas étnico raciales en Colombia: desigualdades socioeconómicas entre población auto identificada afrodescendiente versus población no étnica, blanca o mestiza, se abrió un panel de discusión en el que también participaron la directora del Festival Petronio Álvarez Ana Copete Álvarez y el director regional del Valle del Cauca del Programa de Jovenes Resilientes de ACDI/VOCA Flavio Carabalí.
Ana Copete destacó la importancia de la relación entre la lucha contra las desigualdades que vive la población étnica y el desarrollo económico del país: “Cuando se entienda que el crecimiento del país está estrechamente ligado con la disminución de las brechas de desigualdad, comenzaremos a ver grandes diferencias en materia de desarrollo y promoción de las comunidades más vulnerables”, afirmó.
Flavio Carabalí también hizo un llamado en el mismo sentido: “¿Cuánto tiempo más vamos a demorarnos en entender, darle vuelta a la página y empezar a generar esa riqueza que desde los rincones de la diversidad se puede construir?”.
Las anteriores opiniones hacen parte de las conclusiones recogidas al final de esta presentación de resultados de investigación que se llevó a cabo el pasado viernes en la Sede Meléndez de la Universidad del Valle. Desde los años 90, el CIDSE trabaja con organizaciones afro y cuenta con un grupo de investigación especializado en asuntos étnico raciales: el Grupo De Investigación en Estudios Étnico-Raciales y del Trabajo en sus Diferentes Componentes Sociales.
Este estudio se llevó a cabo dentro del Programa de Alianzas para la Reconciliación de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo -USAID implementado por ACDI/VOCA.
El equipo del CIDSE trabajó en este tema por más de un año, bajo el liderazgo del profesor emérito del Departamento de Sociología Fernando Urrea. Estuvo conformado por el doctor en demografía Bladimir Carabalí, los economistas Valentina Valoyes y Luis Gabriel Quiróz, los sociólogos Jairo Alexander Castaño y John Jairo Loja -estudiante de doctorado en demografía de la Universidad de SouthHampton- en Inglaterra-, el diseñador Juan Carlos Illera y la estadística y epidemióloga Delia Ortega.












