Una enfermedad avanza por los suelos de América, poniendo en peligro los cultivos de yuca. Aún sin cura, sigue extendiéndose y podría llegar a comprometer las variedades endémicas de esta región. Mientras tanto, una científica investiga el hongo detrás de la amenaza, buscando la manera de detenerlo.
Por Salomé Mizrachi / Agencia de Noticias Univalle
A través de nuestro cuerpo circula un fluido vital que llega a cada rincón, desde la coronilla hasta la punta de los pies, asegurando el buen funcionamiento de nuestros órganos. Una red de arterias y venas transporta la sangre impulsada por el corazón, incluso mientras dormimos. Nuestro sistema vascular nunca se detiene. En el mundo vegetal sucede algo similar. Las plantas cuentan con tejidos especializados que distribuyen los nutrientes esenciales para su desarrollo.
Al igual que los seres humanos, las plantas también enferman. Son vulnerables a lo que se encuentra en su entorno, por lo que resulta fácil que se contagien de una “gripe”. Es así como la yuca puede contagiarse de escoba de bruja, una enfermedad que ronda los cultivos en América desde 2024; se denomina así por la apariencia que adquiere la planta a medida que la enfermedad avanza, luciendo como un nido de ramas desordenado.
“Las enfermedades de las plantas nos afectan directamente [...] La pérdida de producción de yuca tiene efectos más dramáticos en algunas regiones del mundo tanto por su rol en seguridad alimentaria (África), como por constituir la fuente de sustento de millones de pequeños agricultores (Asia)” dice Alejandra Gil-Ordóñez, estudiante de la maestría y el doctorado en Ciencias-Biología de la Universidad del Valle y asociada de investigación del Equipo de Virología y Protección de Cultivos del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT). A través de sus estudios, logró secuenciar por primera vez el genoma del hongo asociado a la escoba de bruja de yuca y espera continuar resolviendo las incógnitas alrededor de este patógeno.
Una amenaza en América
De nombre científico Manihot esculenta, la yuca es la tercera fuente de carbohidratos en las regiones tropicales, detrás del arroz y el maíz. La raíz destaca incluso entre estas últimas por su resistencia a los climas áridos donde prospera al permitir su cultivo en suelos menos fértiles con pocos insumos. Las raíces de yuca son una fuente de alimento básico para 500 millones de personas en África subsahariana, Asia y América Latina. A escala global, la yuca también es usada en las industrias de almidón, la alimentación para ganado, la producción de etanol y el consumo local.
La escoba de bruja en la yuca, CWBD (Cassavas Witches' Broom Disease, por sus siglas en inglés) ha sido asociada con el hongo Ceratobasidium theobromae, que se ha identificado como el responsable de afectar otros cultivos como el cacao y el aguacate. La sintomatología es clara ante el ojo humano: enanismo, brotes débiles, pecíolos cortos, amarillamiento de las hojas y muerte vascular. Esto significa que el hongo afecta al xilema, el tejido encargado del transporte de agua en la planta. Para entender un poco el impacto del hongo: si esta enfermedad atacara el cuerpo humano, provocaría que nuestras arterias se obstruyeran, dificultando la circulación sanguínea y provocando que el oxígeno no llegue a los órganos hasta que fallen. Con el tiempo, el cuerpo se debilitaría hasta no ser capaz de sostenerse a sí mismo, provocando la muerte. Tanto en humanos como en plantas, un sistema de distribución dañado compromete la vida del organismo.
Los primeros casos de escoba de bruja en América se detectaron en la Guayana Francesa, cerca de las frontera con Brasil, el mayor productor de yuca en el continente. Desde entonces, la enfermedad se ha convertido en una creciente preocupación para la región. Cuando comenzó la emergencia fitosanitaria, la entidad encargada de la vigilancia biológica en la Guayana Francesa, FREDON, se puso en contacto con el Equipo de Virología y Protección de Cultivos de la Alianza de Bioversity International y el CIAT que estudia enfermedades de yuca en todo el mundo y que recientemente demostró la asociación del hongo C. theobromae con la enfermedad escoba de bruja en Asia. Gracias a esta experiencia, identificar el patógeno en la Guayana Francesa fue rápido, lo que permitió iniciar esfuerzos para contener su propagación. “La problemática en campo era preocupante, pero antes de recomendar una estrategia de manejo era necesario identificar al patógeno causante de la enfermedad que llega hasta los países”, comenta Alejandra para explicar que aunque los síntomas sean parecidos, estos puede estar asociados a diferentes patógenos.
En 2024, como parte de sus estudios de maestría, la investigadora logró secuenciar por primera vez el genoma completo del hongo C. theobromae . A través de técnicas de biología molecular y bioinformática le fue posible observar cómo cambiaba una planta sana al ser afectada. La investigación de Alejandra representó un avance significativo en el esclarecimiento de la causa de la escoba de bruja. El equipo de la Alianza Bioversity-CIAT viajó a la Guayana Francesa para corroborar el estado de la enfermedad y la misión de Alejandra era comprobar si se trataba del mismo hongo, a nivel genético, estudiado en el Sudeste Asiático. Allí hizo parte de una expedición de campo para colectar muestras, aplicar el protocolo de diagnóstico establecido por el CIAT en el Sudeste Asiático y comprobar la asociación con los síntomas observados en el campo. “Nuestro trabajo en la Guayana Francesa resultó en el primer reporte científico en las Américas de la misma enfermedad observada en el Sudeste Asiático. Este trabajo se hizo en colaboración con la institución fitosanitaria nacional, [...] Es una enfermedad que puede provocar grandes pérdidas”, advierte.
Un hongo de los fastidiosos
Para colmo de males, no se trata solo de un hongo que ataca a la planta, sino de un enemigo particularmente difícil de estudiar. El Ceratobasidium theobromae pertenece a la categoría de hongos “fastidiosos”, un término otorgado a aquellos microorganismos que requieren condiciones específicas para su cultivo en laboratorio. A diferencia de otros, que pueden crecer con facilidad en medios de cultivo estándar, éste necesita nutrientes particulares y un ambiente controlado para desarrollarse fuera de su planta hospedera. Su crecimiento es lento y suele contaminarse con facilidad, dificultando su estudio, así como el desarrollo de estrategias para combatirlo.
Si la enfermedad sigue extendiéndose en el Amazonas, centro de diversificación de la yuca, el efecto en las etnovariedades de la región (es decir, los tipos de yuca cultivados por comunidades locales que no están resguardadas en bancos de germoplasma), sería devastador. Estas variedades podrían perderse antes de que se logre aplacar la enfermedad que ya se encuentra en Brasil, por lo que los científicos del Programa de Investigación de Yuca del CIAT están en la búsqueda e identificación urgente de variedades resistentes al Ceratobasidium theobromae.
Además, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (ONUAA) ha comenzado a investigar el avance de la enfermedad. La yuca, aparte de ser un cultivo de seguridad alimentaria, también es de importancia cultural para algunas comunidades indígenas. “Saben que se enfrentan a una amenaza devastadora y podríamos estar hablando de pérdida del patrimonio genético de la yuca, especialmente de variedades silvestres, que son muy valiosas para las comunidades indígenas y los equipos de mejoramiento” comenta Alejandra, agregando que las comunidades han albergado las variables endémicas de yuca gracias a conocimientos heredados durante generaciones.
En Asia la proliferación del hongo se ha visto favorecida por las condiciones del cultivo. A diferencia de América, donde la yuca ha sido cultivada por siglos, en esa región se trata de un cultivo introducido y su producción se basa en las variedades comerciales predominantes. La baja diversidad genética, que implica compartir características similares de susceptibilidad, facilitó la rápida propagación de la escoba de bruja. Por eso es relevante preservar la biodiversidad de la yuca en América como una posible defensa natural contra la enfermedad.
Debido a que el patógeno ataca el desarrollo del tallo, la producción de semilla (estacas) se ve limitada, lo que obliga a los agricultores a obtener semillas de otras regiones, aumentando el riesgo de introducir patógenos adicionales a través del intercambio de semillas en cada región. Sin embargo, no todo está perdido, el hongo vive poco tiempo en la tierra, lo que limita su expansión.
Yuca va, yuca viene
La yuca es un cultivo clave para la seguridad alimentaria: puede resistir condiciones extremas de sequía y suelos pobres de nutrientes donde otros cultivos no prosperarían. Su capacidad de adaptación la ha convertido en una alternativa confiable frente a los desafíos del cambio climático. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático estima que para 2030 la temperatura global aumentará 1.5 grados, lo que afectará la producción de alimentos básicos como el trigo y el arroz, pero la yuca continuará creciendo con normalidad, lo que refuerza su papel en la lucha contra el hambre.
En un escenario de variabilidad climática con aumentos previsibles en las lluvias y precipitaciones, el riesgo de propagación de la escoba de bruja se intensifica al verse favorecida por condiciones de alta humedad en las que parece avanzar con rapidez. Para las regiones en desarrollo donde la yuca es una fuente de seguridad alimentaria, el panorama no es alentador porque la yuca ha sido adoptada en estos lugares con el objetivo de mantener una fuente confiable de alimentos durante épocas de sequía.
Incluso, es posible que la llegada y el impacto del Ceratobasidium theobromae a la Guayana Francesa se deba a los efectos del clima en la producción agrícola: periodos prolongados de lluvias intensas provocan pérdida de cultivos, y los agricultores de yuca se ven en la necesidad de importar material vegetal para restablecer sus siembras. El movimiento transfronterizo de semillas, muchas veces sin un control fitosanitario adecuado, facilita la introducción accidental de patógenos. Esta hipótesis refuerza la importancia de implementar medidas de monitoreo y regulación más estrictas en el comercio de material de propagación, evitando que nuevas enfermedades se sigan expandiendo a otras regiones.
Un vínculo vital
Para Alejandra, la preservación del mundo vegetal depende de nuestras acciones como seres humanos. Nuestra supervivencia está entrelazada con la de las plantas, pero pocas veces reconocemos el papel que jugamos en su destino. La escoba de bruja es un recordatorio de lo vulnerables que son los cultivos y de cómo una enfermedad puede amenazar la seguridad alimentaria de comunidades enteras.
Su investigación no es solo un esfuerzo académico, sino una pieza clave en una batalla silenciosa. Si la escoba de bruja continúa expandiéndose sin ser comprendida, el impacto en la agricultura tropical podría ser devastador. Determinar si hay cepas más agresivas, entender su evolución y la posible transmisión entre cultivos no es solo una cuestión científica: es una necesidad urgente para proteger un alimento esencial en muchas regiones de América, Asia y África. Es importante resaltar también el rol de investigación en agricultura global que tiene la Alianza Bioversity International y el CIAT, y cómo la investigación en el Sudeste Asiático puede ayudar a enfrentar un problema fitosanitario al otro lado del mundo.
La carrera contrarreloj ha comenzado. Aún hay más preguntas que respuestas, pero cada hallazgo acerca a los científicos a entender mejor esta enfermedad y encontrar formas de contenerla antes de que represente una amenaza mayor.
Foto de Alejandra Gil. Reconocimiento de la escoba de bruja en yuca en Laos durante el Regional Workshop on Transboundary Pests and Diseases.












